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Los que me conocen saben que el tema de la productividad personal es algo que siempre me ha interesado y apasionado. ¿Cómo hacer para aprovechar el tiempo de la mejor forma posible? Debo confesar que esta respuesta aún no la tengo. Yo mismo reconozco que estoy lejos de ser un modelo de la productividad personal. Sigo aprendiendo y sigo evolucionando, y quisiera compartirles un poco esa jornada en la que me encuentro con la esperanza de que a alguien pueda servirle.
Muchos sistemas de administración del tiempo hacen la falsa promesa de que el tiempo es administrable. Mi conclusión es que no lo es. Lo que podemos gestionar son nuestras prioridades para decidir en cada momento a qué dedicar nuestra atención y energía. Esta es la clave. Siempre habrá más cosas por hacer que tiempo para hacerlas, y siempre habrá más asuntos entrando a nuestro radar de atención que los que podemos atender. Y todo esto debe ocurrir a través de la inversión de nuestro esfuerzo y energía, el cual es un recurso finito. La conclusión es simple, pero a la vez compleja: debemos hacer el mejor uso del tiempo disponible enfocando nuestra atención y energía en aquellas acciones que tengan el mayor impacto en las metas que nos hayamos propuesto alcanzar. Esto lleva implícito el hecho de que necesariamente deberemos tomar decisiones sobre las cosas que hay que hacer, pero también sobre las que no –y quizá esto último es más importante. También implica que, si queremos elevar el nivel de impacto de nuestra actividad, debemos orientarla hacia aquellas tareas que producirán un mayor retorno para nosotros (no necesariamente monetario).
Otros aspectos para considerar son nuestros estilos de trabajo y la forma en que procesamos la información, nuestro nivel de comodidad con la estructuración de tareas y qué tanto control tenemos sobre estas (tanto para definirlas como para actuar sobre ellas).
Es un hecho que la economía de hoy depende mucho más de los llamados “knowledge workers” o trabajadores del conocimiento. En épocas anteriores, la productividad era más fácil de medir: producías una cierta cantidad de widgets por unidad de tiempo y se podía comparar este número para entender si dos líneas de producción, por ejemplo, tenían diferencias en productividad entre sí. Con trabajadores del conocimiento es mucho más complicado, porque ¿cómo mides el output de una persona cuya materia prima es fundamentalmente algo intangible -el conocimiento- y que además produce otro intangible como resultado: más, o nuevos niveles de conocimiento? Realmente no es tarea fácil, y quizá no amerite tratar de medirlo así. Personalmente he intentado muchas cosas para tratar de crear un sistema que me permita trabajar de una forma más o menos consistente y que produzca resultados predecibles. He probado distintos métodos de trabajo, técnicas varias, leído toneladas de papel en libros relacionados al tema, y lo que he concluido es que hay cinco cosas que debemos tener definidas antes de decidir qué método o técnica de gestión de la productividad es mejor para nosotros:
Para aquellos de ustedes que les interese el tema, este artículo puede servirles para encontrar un sistema de productividad que se adapte a su estilo propio. Nota: aunque personalmente utilizo Todoist para gestionar mis tareas, no es mi intención promover el uso de esta herramienta de ninguna manera al sugerir este artículo).
Termino estas reflexiones como inicié, reiterando que sigo aprendiendo y evolucionando en este camino de entender, potenciar y maximizar mi productividad personal. Los invito a comentar en este artículo, y a conectar, si es algo que les interese también.
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